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¿Sabías que Willis Haviland Carrier diseñó el primer aparato de aire acondicionado… sólo un año después de que Marconi hiciera sonar la radio por primera vez? Aunque parezca increíble, fue en 1902, y supuso una auténtica revolución que cambiaría el funcionamiento de la industria y la vida de las personas.

primer aire acondicionado

La historia del aire acondicionado nació gracias a los graves problemas que tenía la editorial Sackett & Wilhelms de Brooklyn para fijar la tinta al papel durante los sofocantes veranos neoyorkinos. Resulta que cuando la temperatura y la humedad apretaban en la Gran Manzana, a los impresores les resultaba casi imposible fijar de forma alineada los cuatro colores básicos porque las condiciones ambientales alteraban el tamaño del papel. La editorial se puso en manos de la Compañía Buffalo Forge para que le resolviera el problema y el resultado fue una máquina que controlaba la temperatura y la humedad por medio de tubos enfriados a la que llamaron “Aparato para tratar el aire”.

Básico para el sector del algodón

El invento tuvo tanto éxito que los productores de algodón del sur del país enseguida pensaron que esa máquina también podría resolver sus problemas con la falta de humedad ambiental. Al parecer, este hecho causaba un exceso de electricidad estática que provocaba que las fibras de algodón se deshilacharan y fueran difíciles de tejer. El sistema consiguió crear un nivel de humedad estable que permitía acondicionar las fibras y resolver su problema. El aparato se hizo tan popular en este sector que fue un productor de algodón llamado Stuart Cramer quien acuñó por primera vez el concepto de “aire acondicionado” en 1906.

Y llegó el cine…

A partir de entonces la mayoría de los sectores industriales vio su potencial: la industria tabaquera, la alimentaria, la farmacéutica,… todas comprendieron que la calidad de sus productos mejoraría de forma notable en ambientes fríos y con una humedad controlada. Después llegaron las salas de cine: las productoras cinematográficas enseguida observaron cómo la gente hacía largas colas en las taquillas de los cines climatizados durante el verano y empezaron a lanzar sus grandes estrenos en época estival. Después fueron los hospitales, las oficinas, los aeropuertos… Pero el boom frenó en seco a finales de la década de los 20.

La Gran Depresión

Llegó el Crack del 29. La Gran Depresión se cebó con la economía y sumió el país en una profunda crisis de la que no pudo levantarse hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Y aunque el primer aparato doméstico ya se había instalado en 1914 en una mansión de Minneapolis, y el primer coche climatizado había sido un Packard en 1939, no fue hasta después de la Segunda Gran Guerra cuando el aire acondicionado dio el gran salto y se convirtió en un elemento de confort del que ya no podemos prescindir.

El Antiguo Egipto y Jerónimo de Ayanz y Beaumont

El invento de Carrier fue tan importante que la revista Time le nombró en 1998 una de las 100 personas más influyentes del siglo XX. Pero no sería justo atribuirle a él todo el mérito sin mencionar dos hitos históricos. El primero se remonta al Antiguo Egipto: dicen que para refrescar las estancias del faraón, éste obligaba a sus esclavos a desmantelar los enormes bloques de piedra que formaban sus paredes cada noche para que el frío del desierto las enfriara. Por la mañana, los esclavos volvían a cerrar la estancia con las piedras aún frías y mantenían un ambiente fresco durante todo el día. Y así, todos los días…

El segundo es más tecnológico y tiene a un navarro como protagonista, Jerónimo de Ayanz y Beaumont, creador de una máquina de vapor que extraía agua de las galerías de las minas de Navarra en el siglo XVI, descubrió que podía utilizar las mismas tuberías para llevar nieve al interior de las minas y reducir su temperatura ambiental. Rudimentario… pero efectivo: hoy en día este inventor navarro sigue siendo uno de los precursores de los actuales aparatos de aire acondicionado.